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Los hijos de los comedores

Por Liliana Szwarc

Si bien existían desde hace años, eran muy pocos. Argentina no los necesitaba porque era “El granero del mundo” y todos comían.

Poco a poco comenzaron a multiplicarse, los armaron personas solidarias que se fijaron en los demás y no solo en ellos.

En la medida en que la población indigente crecía del 8.8% en 1996 al 21% en Octubre de 2001 y la inequidad agrandaba la brecha, mas comedores comunitarios se abrían.

En diciembre hicieron eclosión, la desocupación aumentó del 18% en el 2001 al 23% en el 2002, (además crecieron el subempleo y la economía informal) y la población por debajo de la línea de pobreza viene aumentando desde entonces, siendo ya mayor del 50%, la mayoría niños.

Comenzaron a funcionar con el mismo criterio que se usa en alta mar cuando un barco se hunde: Primero los niños y las mujeres.

Si bien nadie duda de las buenas intenciones de quienes los desarrollan, no existe nómina de todos los comedores comunitarios activos, no se dispone de medidas de higiene y bioseguridad a través de las dependencias municipales específicas.

Buscan paliar el hambre y la desnutrición en un país que continúa siendo desde siempre uno de los mayores productores de alimentos por habitante del mundo.

Solo hacen falta unos pocos años para que el crecimiento de los niños nos explique las consecuencias en lo relacional del fenómeno de los comedores, esos pocos años ya están pasando y surge una generación que algunos llaman "los hijos de los comedores populares". Son los nuevos jóvenes del conurbano, hijos de la desocupación perpetua, la exclusión, la miseria, la falta de futuro.

Los comedores y los niños que a ellos concurren, se encuentran atrapados en una dinámica perversa consecuencia de la situación socioeconómica. Si no existieran, la desnutrición infantil sería mayor de lo que actualmente es, pero su existencia a la vez profundiza aun más el deterioro de la socialización primaria y de los lazos sociales, lo que condiciona una situación de anomia que favorece la aparición de conductas antisociales (es su forma de ser incluidos)

Entonces nos hacemos esta pregunta. ¿El comedor acompaña la relación nutrición - formación de la identidad?

Sabemos que no contamos con otra opción, pero también sabemos que un niño que concurre a un comedor para alimentarse, alejado de su grupo familiar y sabiendo que sus mayores pasan hambre, no se encuentra en la mejor situación para generar una identidad solidaria.

También sabemos que en el hogar los padres cuidan la preparación de alimentos sin necesidad de crear una estructura para dicho trámite. Que cuidan las raciones alimentarias sin necesidad de manuales específicos, solo con un poco de información.

La inequidad es la que genera la necesidad de los “Comedores Comunitarios”.

La solidaridad de la gente cubrió esa necesidad y comenzó a crear relaciones en el campo social nuevas y enriquecedoras.

Pero no es con asistencialismo con lo que se logra hacer desaparecer a “Los hijos de los Comedores” para que vuelvan a ser hijos de sus padres.

Esto ocurre cuando la solidaridad logra atravesar la brecha del asistencialismo y actúa con la gente en emprendimientos que organizan trabajo para todos.

“...¿sería insensato esperar, no un poco de amor, tan vago, tan fácil de declarar, tan satisfecho de sí y que autoriza todos los castigos, sino la audacia de un sentimiento áspero, ingrato, de rigor inflexible y que rechaza cualquier excepción: el respeto?”

Viviane Forrester, El horror económico, p. 158, 1997.


 

 

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